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Jésus Olmo: escribir con los ojos

Ayer inauguramos el FICL con una atmósfera muy especial y una sala con muy buena entrada. Cuando terminaron los títulos de crédito de Cold Skin, empezó otra película tan interesante como la de Xavier Gens: la visión del guionista Jesús Olmo.

Ha sido la primera adaptación cinematográfica del escritor madrileño, que ha firmado títulos tan exitosos como Esposados, 28 semanas después o Ruleta. En el bestseller de Sánchez Piñol encontró ecos de Conrad, Verne, Stevenson y Lovecraft.

“Una adaptación es un lugar muy delicado, significa trabajar en la cuerda floja; sobre todo con una novela tan celebrada como fue La piel fría; ha sido una responsabilidad muy grande”, contaba ayer Jesús Olmo a los espectadores del Teatro El Salinero.

¿Cómo convertir una maravillosa novela de 300 páginas en una película de 90 minutos?

Fue un proceso “largo y complicado”. Sus primeros tanteos de guión eran “tan fieles a la novela” que también resultaban “imposibles de rodar”. El lenguaje audiovisual exige imágenes: hay que convertir  las sensaciones en escenas. “Hay que tomar decisiones, sacrificar cosas, reinventar otras”.

Por cuestiones de tiempo y de presupuesto, muchas cosas de la última propuesta de guión que hizo Olmo se quedaron fuera: el pasado de los dos protagonistas, la razón de los ataques de las criaturas marinas…

Y es que llegaron a existir siete versiones de guión y cinco directores distintos que querían llevarlo a su terreno.  “Para bien y para mal , fue pasando por muchas manos— dice Olmo— Lo que habéis visto tiene fragmentos de diversas versiones del guión y debo decir , como autocrítica, que se nota; el guión no pudo ser  todo lo coherente y trabajado que yo propuse”.

Lanzarote, cuarto protagonista

Jesús Olmo no supo que Cold Skin se rodaría en Lanzarote hasta mucho tiempo después de escribir el guión. Sin embargo, mientras leía la novela, ya imaginaba paisajes de Canarias. “Me atrevería a decir que Lanzarote tiene una energía magmática, una luz…  algo muy especial”.  Hubo un momento en en el que los productores se plantearon rodarla en Islandia, que ofrece otro paisaje primitivo y volcánico, pero la climatología fue vital a la hora de tomar la decisión.

Pasaron cuatro años desde que Xavier Gens tomó las riendas de la película y hasta que se estreno en salas (en España, en octubre de 2017). “Que la película se haya hecho ya es un milagro, porque es muy complicada; basada en una novela que generaba muchas expectativas y con una necesidad de presupuesto más que holgado para que fuera digna”. El proceso para el guionista fue  “complicado” y “duro” , lleno de “discusiones con productores y directores” .

En el resultado final reconoce su guión, pero admite que está cojo. “Me sigue alterando todavía cuando comparto una proyección con gente, pero han hecho un trabajo extraordinario de dirección de arte, fotografía…  aplaudo todo el trabajo que hay detrás”.

“No se cuenta que los carasapos están muriendo porque en el barco hundido hay bidones de gas mostaza; se rebelan contra la mano humana”. Tampoco hay rastro de las explícitas relaciones sexuales que se narran en la novela. “Tuvo que rebajarse el tono para que pudiera estrenarse para todos los públicos”. Olmo se ríe en un momento dado y describe como “post-spoiler” lo que está haciendo en el Teatro El Salinero.

Varios brazos se alzan para pedir la palabra y el micrófono. Para seguir indagando en esa otra película que Olmo tenía en mente y que no pudo ser:

Cuando lees una novela, siempre te imaginas el tono de voz de los personajes. ¿Te gustaron los de la película?

Yo no me los imaginaba así, pero eso no significa que no me gusten. Esa capa de expresión y emoción es trabajo del director. En el guión sólo se sugiere. En la soledad de mi habitación, yo proyecto una peli en mi cabeza, pero sé que la criatura debe seguir viviendo. Yo cuido de ella el primer año pero luego va a ser educada por otras personas. Los primeros minutos de aparición del farero fue una de las cosas que más me emocionaron. Es una sensación muy hermosa haber imaginado algo y verlo luego en una pantalla. Estoy especialmente contento del trabajo que hizo el actor [Ray Stevenson] .

La parte poética de la película, ¿es obra tuya?
Bueno, cuando uno se emociona leyendo una novela como La piel fría, lo que queda es un aroma, algo que está más cerca de la sensación poética que de la narrativa. La novela está repleta de momentos de una belleza terrible: los brillos de los carasapos en su piel, la sensación de irrealidad de ese faro que está mas allá del tiempo y del espacio, ballenas que lanzan sus chorros, icebergs que pasan flotando y devuelven destellos como alienígenas…  No es fácil a la hora de adaptar.

¿Es más complejo hacer un guión original o una adaptación? 

Cuando a Raymond Chandler le preguntaban qué opinaba de las adaptaciones que habían destrozado sus libros,  él respondía:  “No, mis novelas están intactas para el que quiera seguir leyéndolas; ahí están”, decía señalando un estante. Hay ejemplos de adaptaciones muy fieles pero muy libres, que han respetado el alma del texto: El nombre de la rosa, El silencio de los corderos, El señor de los anillos, Las amistades peligrosas, Los santos inocentes

¿Qué consejo le daría aun estudiante de guión para saber diferenciar las secuencias que funcionan de las que no? ¿Cómo saber de qué hay que desprenderse? 
Hay que leer la novela varias veces. La primera lectura siempre es emocional, la haces como lector, pero eso tiene que asentarse. Hay que hacer más para dejar de lado las emociones y hacerte preguntas muy concretas hasta saber de qué trata la novela y cómo articular la temática en términos cinematográficos. Tienes que tener muy claro qué quieres que sobreviva.  Siempre que puedo vuelvo a dar el mismo consejo que me dio un profesor de Guión: “Pensad que lo que estáis escribiendo lo tiene que entender, si se lo leéis, a una persona que se ha quedado ciega”. Se refería a que no puedes andarte por las ramas, ni ponerte abstracto. No podemos hablar de sensaciones sino de cosas que se ven y que se oyen, de cosas que pueden expresarse en términos visuales. No puedes escribir ‘el escritor está angustiado’, tienes que enseñar una papelera llena de bolas de papel arrugado.

 

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